Shapers ES
Durante años, hemos celebrado a los artistas. Hoy, queremos hablar de quienes descubren la música, la ponen en contexto y ayudan a que encuentre nuevas audiencias alrededor del mundo.
Conoce a los Shapers: una nueva generación de creadores digitales capaces de ver en el ecosistema musical colombiano lo que otros no ven y compartirlo a través de plataformas, formatos y narrativas pensadas en lo digital. Son quienes descubren artistas antes de que den el gran salto, dan contexto a géneros que pocos explican y hacen que una canción llegue a nuevos oyentes.
La industria musical prospera como un ecosistema, y estos creadores cumplen un rol fundamental. Esta es la manera en que Spotify reconoce su trabajo y pone en primer plano a quienes utilizan las plataformas digitales para ampliar el alcance y la valoración de la música colombiana.
Shapers no es un ranking ni una lista cerrada. Es una selección viva que se actualizará periódicamente para reconocer a creadores de distintas comunidades, formatos y perspectivas que están dando visibilidad a las historias y a la música que merecen ser escuchadas.

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Mange
Bogotá está a puertas, si no es que ya lo es, de convertirse en la capital musical de Latinoamérica.
Para Mange, la música tiene tanto de sonido como de imagen. Como ilustradora y creadora de contenido, muchas veces empieza a escuchar desde lo visual: una portada puede ser la carta de presentación de un disco y revelar tanto del universo de un artista como sus letras, su composición o su producción. Sus ilustraciones han acompañado a una generación de artistas y sonidos alternativos, convirtiéndose también en parte de la identidad visual de una escena que no ha dejado de crecer.
Pero su mirada no se queda en las portadas. Mange está convencida de que Bogotá está a las puertas, si no lo es ya, de convertirse en una capital musical de Latinoamérica. Ve una ciudad con venues llenos, festivales, nuevos públicos y artistas capaces de llevar la música colombiana hacia lugares inesperados. Uno de ellos es Jambeau, a quien sigue de cerca por su manera de desarmar las convenciones del reggaetón mainstream mezclándolo con electrónica, drum and bass y una narrativa queer.
Ahí también está la razón por la que Mange insiste en mirar hacia lo local: cree que en Colombia todavía no dimensionamos el talento que tenemos enfrente. Desde una portada hasta un contenido o una recomendación, su trabajo busca poner imágenes, conversación y comunidad alrededor de esos sonidos. Porque si algo atraviesa su manera de crear es la certeza de que una escena no solo necesita artistas: necesita personas dispuestas a verla, defenderla y hacer que otros también quieran ser parte de ella.
Para Mange, la música tiene tanto de sonido como de imagen. Como ilustradora y creadora de contenido, muchas veces empieza a escuchar desde lo visual: una portada puede ser la carta de presentación de un disco y revelar tanto del universo de un artista como sus letras, su composición o su producción. Sus ilustraciones han acompañado a una generación de artistas y sonidos alternativos, convirtiéndose también en parte de la identidad visual de una escena que no ha dejado de crecer.
Pero su mirada no se queda en las portadas. Mange está convencida de que Bogotá está a las puertas, si no lo es ya, de convertirse en una capital musical de Latinoamérica. Ve una ciudad con venues llenos, festivales, nuevos públicos y artistas capaces de llevar la música colombiana hacia lugares inesperados. Uno de ellos es Jambeau, a quien sigue de cerca por su manera de desarmar las convenciones del reggaetón mainstream mezclándolo con electrónica, drum and bass y una narrativa queer.
Ahí también está la razón por la que Mange insiste en mirar hacia lo local: cree que en Colombia todavía no dimensionamos el talento que tenemos enfrente. Desde una portada hasta un contenido o una recomendación, su trabajo busca poner imágenes, conversación y comunidad alrededor de esos sonidos. Porque si algo atraviesa su manera de crear es la certeza de que una escena no solo necesita artistas: necesita personas dispuestas a verla, defenderla y hacer que otros también quieran ser parte de ella.
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Julián MP3
No me interesa decirte qué escuchar; me interesa darte una razón para volver a escucharlo.
Para Julián, una canción nunca termina en lo que alcanzamos a escuchar. Su proyecto como creador de contenido nace justamente de querer saber qué hay detrás: investiga canciones y artistas, encuentra historias y busca esos detalles que pueden ayudarnos a entender la música de otra manera. Para él, toda la música tiene algo interesante que contar; la diferencia está en saber dónde mirar.
Esa búsqueda puede llevarlo de los mariachis en Yugoslavia a La Camisa Negra de Juanes, porque una buena historia puede aparecer donde menos se espera. También lo ha llevado a poner el radar sobre artistas colombianos como Kei Linch, por su capacidad de cruzar el hip hop con otras propuestas; Paula Pera y el fin de los Tiempos, desde una “nostalgia pop” íntima y contemplativa; o El Kalvo, cuyo universo convierte elementos cotidianos de Bogotá en parte del concepto musical. Julián convierte el análisis en una puerta al descubrimiento: en medio de la velocidad del contenido digital, su voz se ha hecho espacio convirtiendo historias en puntos de conexión entre artistas y audiencias, y abriendo nuevas puertas para descubrir música que podría pasar desapercibida.
Y quizás ahí sobrevive algo del fan que empezó todo: incluso estando hoy más cerca de la industria, Julián conserva la capacidad de sorprenderse cuando descubre qué había detrás de la música que creía conocer.
Para Julián, una canción nunca termina en lo que alcanzamos a escuchar. Su proyecto como creador de contenido nace justamente de querer saber qué hay detrás: investiga canciones y artistas, encuentra historias y busca esos detalles que pueden ayudarnos a entender la música de otra manera. Para él, toda la música tiene algo interesante que contar; la diferencia está en saber dónde mirar.
Esa búsqueda puede llevarlo de los mariachis en Yugoslavia a La Camisa Negra de Juanes, porque una buena historia puede aparecer donde menos se espera. También lo ha llevado a poner el radar sobre artistas colombianos como Kei Linch, por su capacidad de cruzar el hip hop con otras propuestas; Paula Pera y el fin de los Tiempos, desde una “nostalgia pop” íntima y contemplativa; o El Kalvo, cuyo universo convierte elementos cotidianos de Bogotá en parte del concepto musical. Julián convierte el análisis en una puerta al descubrimiento: en medio de la velocidad del contenido digital, su voz se ha hecho espacio convirtiendo historias en puntos de conexión entre artistas y audiencias, y abriendo nuevas puertas para descubrir música que podría pasar desapercibida.
Y quizás ahí sobrevive algo del fan que empezó todo: incluso estando hoy más cerca de la industria, Julián conserva la capacidad de sorprenderse cuando descubre qué había detrás de la música que creía conocer.
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Sara Sofia
No quiero que un género defina todo lo que puedo decir sobre la música.
Para Sara Sofía, entender la música colombiana implica escuchar las conexiones que existen entre géneros, épocas y territorios. Por eso vuelve a un momento que considera decisivo: la etapa de El Dorado y La Pipa De la Paz de Aterciopelados, cuando el rock en español —con raíces que también mira hacia Argentina— empezó a encontrarse con géneros tradicionales del país. Que Andrea Echeverri estuviera al frente de esa exploración hace esa historia todavía más significativa para ella. Es justamente ese cruce, cuando una música empieza a conversar con otra y revela algo del lugar y el momento del que viene, lo que despierta su curiosidad.
Sara escucha como periodista y selecciona como DJ: buscando esos hilos detrás de cada canción. En La Nena Magdalena, su alter ego como selectora musical, la salsa es una puerta de entrada, no una frontera. Investiga sus historias, arma sets que cruzan generaciones y acerca a nuevas audiencias sonidos que muchas veces llegan cargados de prejuicios. Puede pasar de Grupo Niche a la electrónica, del Pacífico colombiano al rock, porque lo que persigue no es una etiqueta, sino las conexiones culturales que permiten escuchar la música desde otro lugar.
Por eso insiste en una idea que también define su identidad: “yo soy mucho más que la salsa”. Le interesa desmontar la noción de que el género es “una cosa de viejos”, pero también escapar de cualquier nicho que limite su curiosidad. Su aporte está justamente ahí: darle contexto a lo que suena y convertir la selección musical en una forma de descubrimiento. Cada historia pasa primero por aquello que la sorprende y, desde ahí, pone canciones, artistas y épocas a conversar para que otros también puedan escucharlas de una manera distinta.
Para Sara Sofía, entender la música colombiana implica escuchar las conexiones que existen entre géneros, épocas y territorios. Por eso vuelve a un momento que considera decisivo: la etapa de El Dorado y La Pipa De la Paz de Aterciopelados, cuando el rock en español —con raíces que también mira hacia Argentina— empezó a encontrarse con géneros tradicionales del país. Que Andrea Echeverri estuviera al frente de esa exploración hace esa historia todavía más significativa para ella. Es justamente ese cruce, cuando una música empieza a conversar con otra y revela algo del lugar y el momento del que viene, lo que despierta su curiosidad.
Sara escucha como periodista y selecciona como DJ: buscando esos hilos detrás de cada canción. En La Nena Magdalena, su alter ego como selectora musical, la salsa es una puerta de entrada, no una frontera. Investiga sus historias, arma sets que cruzan generaciones y acerca a nuevas audiencias sonidos que muchas veces llegan cargados de prejuicios. Puede pasar de Grupo Niche a la electrónica, del Pacífico colombiano al rock, porque lo que persigue no es una etiqueta, sino las conexiones culturales que permiten escuchar la música desde otro lugar.
Por eso insiste en una idea que también define su identidad: “yo soy mucho más que la salsa”. Le interesa desmontar la noción de que el género es “una cosa de viejos”, pero también escapar de cualquier nicho que limite su curiosidad. Su aporte está justamente ahí: darle contexto a lo que suena y convertir la selección musical en una forma de descubrimiento. Cada historia pasa primero por aquello que la sorprende y, desde ahí, pone canciones, artistas y épocas a conversar para que otros también puedan escucharlas de una manera distinta.
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Dimeloking
Una canción bien hecha se disfruta de principio a fin, no solamente durante 10 o 15 segundos para ser tendencia.
Elkin, o Dímelo King, como es conocido en redes sociales, cree en el talento cuando todavía está buscando un lugar para mostrarse. Se define, ante todo, como un soñador, y quizás por eso su mirada está puesta en otros que están empezando: artistas que tienen el talento y las ganas, pero todavía necesitan una oportunidad para que alguien los escuche. Para King, abrir ese espacio significa confiar en su potencial y acercar sus historias a una audiencia dispuesta a descubrirlas.
Dímelo King nació precisamente para convertir esa convicción en una plataforma: dar exposición a artistas que tenían talento, pero no necesariamente un equipo, presupuesto o acceso a una gira de medios. Recorriendo distintas ciudades, King ayudó a conectar nuevos nombres con fanáticos, registró algunas de las primeras entrevistas de artistas como Blessd, Ryan Castro, Hamilton, Zaider y Kapo, y llevó esa apuesta por el talento hasta la producción musical, trabajando con nombres como Luister La Voz.
Esa apuesta por descubrir antes que seguir la corriente también se refleja en cómo escucha. En plena lógica de la viralidad, King defiende las canciones que no parecen construidas para funcionar solo durante 10 o 15 segundos: busca música “bien hecha”, que pueda disfrutarse de principio a fin y quedarse en la memoria después de que pase la tendencia. Esa combinación entre olfato para detectar nuevos talentos y criterio para decidir cuáles historias amplificar ha convertido a Dímelo King en un archivo temprano de varias carreras que hoy ocupan un lugar central en la música colombiana.
Elkin, o Dímelo King, como es conocido en redes sociales, cree en el talento cuando todavía está buscando un lugar para mostrarse. Se define, ante todo, como un soñador, y quizás por eso su mirada está puesta en otros que están empezando: artistas que tienen el talento y las ganas, pero todavía necesitan una oportunidad para que alguien los escuche. Para King, abrir ese espacio significa confiar en su potencial y acercar sus historias a una audiencia dispuesta a descubrirlas.
Dímelo King nació precisamente para convertir esa convicción en una plataforma: dar exposición a artistas que tenían talento, pero no necesariamente un equipo, presupuesto o acceso a una gira de medios. Recorriendo distintas ciudades, King ayudó a conectar nuevos nombres con fanáticos, registró algunas de las primeras entrevistas de artistas como Blessd, Ryan Castro, Hamilton, Zaider y Kapo, y llevó esa apuesta por el talento hasta la producción musical, trabajando con nombres como Luister La Voz.
Esa apuesta por descubrir antes que seguir la corriente también se refleja en cómo escucha. En plena lógica de la viralidad, King defiende las canciones que no parecen construidas para funcionar solo durante 10 o 15 segundos: busca música “bien hecha”, que pueda disfrutarse de principio a fin y quedarse en la memoria después de que pase la tendencia. Esa combinación entre olfato para detectar nuevos talentos y criterio para decidir cuáles historias amplificar ha convertido a Dímelo King en un archivo temprano de varias carreras que hoy ocupan un lugar central en la música colombiana.
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Roberto Cardona
Una buena entrevista empieza cuando deja de sentirse como una entrevista.
A Roberto Cardona le interesan las historias que aparecen cuando una entrevista deja de sentirse como una entrevista. Por eso evita las preguntas previsibles y busca aquello que no está en los perfiles, en las fotos o en las respuestas que un artista ha dado mil veces. Esa forma de conversar también la ha construido escuchando a quienes ha tenido enfrente: una entrevista con Feid, cuenta, le cambió la vida y le ayudó a encontrar un estilo más descomplicado y auténtico que terminó marcando su manera de hacer periodismo musical.
Esa cercanía le ha permitido descubrir lo que muchas veces queda fuera del escenario: miedos, dudas e historias que hacen visible a la persona detrás del artista. Y su relación con la música tampoco termina cuando se acaba una entrevista. Como director de una emisora y locutor, escucha con atención lo que ocurre detrás de las canciones; como recomendador, busca cuáles vale la pena acercar a otros. Encuentra música y pone el foco tanto sobre nombres consolidados como sobre proyectos que apenas empiezan a construir su camino. Para él, esa labor de prescripción es esencial en una industria donde conviven cada vez más artistas y canciones: su criterio abre caminos para que otras personas descubran artistas e historias que quizás no habían encontrado.
Ese criterio también aparece cuando mira hacia adelante. Roberto Cardona ve una nueva fuerza en el reggaetón que vuelve a sus raíces, pero también sigue de cerca el trap colombiano, el afrobeat y el dancehall que crecen desde lugares como Cali, Buenaventura, Medellín y Bogotá. En su radar aparecen nombres como Kris R., Topboy TGR, Hamilton, Lion Fiah y ARIA VEGA, junto a productores que también construyen el sonido del país. Y todavía guarda conversaciones pendientes: Drake es una deuda personal de una entrevista que estuvo a punto de tener pero no se pudo dar; con Crudo Means Raw quiere entender la huella que dejó en el género urbano y el rap que marcó a toda una generación; y para él la historia contemporánea de la música hispanoamericana no puede contarse sin Shakira. Esa mezcla de conversación y lectura de escena es la que convierte sus recomendaciones en algo más que una lista de canciones.
A Roberto Cardona le interesan las historias que aparecen cuando una entrevista deja de sentirse como una entrevista. Por eso evita las preguntas previsibles y busca aquello que no está en los perfiles, en las fotos o en las respuestas que un artista ha dado mil veces. Esa forma de conversar también la ha construido escuchando a quienes ha tenido enfrente: una entrevista con Feid, cuenta, le cambió la vida y le ayudó a encontrar un estilo más descomplicado y auténtico que terminó marcando su manera de hacer periodismo musical.
Esa cercanía le ha permitido descubrir lo que muchas veces queda fuera del escenario: miedos, dudas e historias que hacen visible a la persona detrás del artista. Y su relación con la música tampoco termina cuando se acaba una entrevista. Como director de una emisora y locutor, escucha con atención lo que ocurre detrás de las canciones; como recomendador, busca cuáles vale la pena acercar a otros. Encuentra música y pone el foco tanto sobre nombres consolidados como sobre proyectos que apenas empiezan a construir su camino. Para él, esa labor de prescripción es esencial en una industria donde conviven cada vez más artistas y canciones: su criterio abre caminos para que otras personas descubran artistas e historias que quizás no habían encontrado.
Ese criterio también aparece cuando mira hacia adelante. Roberto Cardona ve una nueva fuerza en el reggaetón que vuelve a sus raíces, pero también sigue de cerca el trap colombiano, el afrobeat y el dancehall que crecen desde lugares como Cali, Buenaventura, Medellín y Bogotá. En su radar aparecen nombres como Kris R., Topboy TGR, Hamilton, Lion Fiah y ARIA VEGA, junto a productores que también construyen el sonido del país. Y todavía guarda conversaciones pendientes: Drake es una deuda personal de una entrevista que estuvo a punto de tener pero no se pudo dar; con Crudo Means Raw quiere entender la huella que dejó en el género urbano y el rap que marcó a toda una generación; y para él la historia contemporánea de la música hispanoamericana no puede contarse sin Shakira. Esa mezcla de conversación y lectura de escena es la que convierte sus recomendaciones en algo más que una lista de canciones.
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